There are places I remember, all my life, though some have changed some forever not for better, some have gone and some remain. All those places have their moments...
In my life I loved them all...


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17 de julio de 2012

Daydreaming...

El sol pintaba de ensueño sus rostros, la caricia del verano inundaba las sierras. Como si no existiera el tiempo, un principio o un final, ambos daban pruebas de su amor. Ninguno sabía si existiría un mañana. El futuro incierto les causaba curiosidad, pero poco importaba en esa tarde. Cada sonido, cada aroma, cada sensación era su Carpe Diem; y si el pasado era un lugar poco conocido o apreciado, nula era su importancia.
La suavidad del pasto que cubría cual alfombra las sierras, podía compararse con aquellas caricias que usurpaban el lugar del sol sobre sus rostros. Y los pájaros que revoloteaban sobre el firmamento, auguraban la sinceridad del momento próximo. Una sola palabra era suficiente, no más.
Caminando ahora por esas veredas del sol, compartiendo el presente, anhelando con cautela el futuro, cantando canciones que muy pocos conocen, soñando con detener el tiempo, y sonriendo...siempre sonriendo, por motivos que ni los mirlos ni las calandrias podrían saber.
La vista que llenaba sus ojos, inundaba de paz lo mas profundo de sus seres. Allí sentados, viendo el sol caer, deseaban ser vagabundos por siempre entre las luces de la pequeña ciudad. "Vivir de la tierra, la luna y el sol". Y caminaron sin rumbo por las calles solitarias de la ciudad, contaron estrellas y cantaron la verdad.
A un sueño de distancia, ella en Buenos Aires y él en San Luis, añoran el momento...el escape...el sueño. Se limitan a sonreír sabiendo que algún día se encontrarán, y ese día las palabras se tornarán caricias, canciones y tardes de sol...



























Aunque las cosas nunca me salieron exactamente como quise, nunca nadie me impidió seguir soñando...

6 de diciembre de 2009

...Aquellas dos...

Intenté juntarlas como pude. Hice lo imposible para que quedaran juntas. Pero nada parecía suficiente. Las giré hacia un lado y hacia otro, probé desde distintos ángulos, con diferentes materiales y estrategias.
Un día me cansé y decidí llevarlas a un especialista de rompecabezas o algo por el estilo, seguro que un tercero me ayudaría con este gran problema. El especialista no pudo hacer mucho tampoco. Ambas se negaban totalmente a estar juntas.
Otro día probé con pegamento, pero eso fué peor que cualquier otra cosa. aHizo que se pelearan más todavía. Los métodos que había probado eran incalculables. Intenté hacerlas razonar, demostrarles mi enojo y mi fastidio, que con eso no ganaban nada; incluso probé con ignorarlas. Pero todas esas cosas no hacían más que empeorarlo todo.
Un día me cansé, y me cansé en serio. Decidí que ya no podía más con esa situación y que tenía que tomar un descanso. Junté mis cosas en una mochila y me fuí. Viajé en trenes, colectivos, taxis y bicicletas prestadas. Un día llegué. Y llegué para quedarme. Dispuse mis cosas a modo de campamento cerca de un arroyo y entre unos árboles que parecían paraguas enormes. Armé mi pequeña carpa y preparé todo. Pasé días y noches, aguanté la lluvia, el frío y el calor insoportables. Pero al fín estaba sola, tranquila y distante de aquellas dos.
Aquella mañana en la que me encontraron, estaba sentada junto a unas rocas mirando el paisaje. Me tomaron cada una de un hombro y me llevaron a casa. Como siempre, lo bueno me dura poco. Pero ya casi estaba acostumbrada, porque la mala suerte era mi pan de cada día. Estuvieron hablándome y haciéndome promesas estúpidas durante casi una semana. Todo aquello que hicieron fué en vano para mí. Yo sabía, desde el principio, que esas dos piezas de rompecabezas nunca se iban a colocar en su lugar.

2 de noviembre de 2009

Sueños de papel...de diario

Si, era un remolino lo que sentía a mi alrededor. Casi no podía ver nada. Apenas divisaba la pared verde de mi habitación. De pronto se me ocurrió una descabellada idea. Levantéuna mano y la metí en ese torbellino, intentando sacar algo. Para mi sorpresa, nada malo le sucedió a mi mano. La saqué y me quedé atónita mirando lo que había agarrado. Era una letra. Exactamente como lo cuento. Para ser más exacta era una letra Q y tenía el tamaño de un alfajor. Para mi asombro la letra saltó de mi mano y se abalanzó sobre la almohada. Cayó dando vueltas y casi se cae de la cama. Se paró bufando y sacudiéndose la barriga. Me miró con cara de susto aunque no le presté atención ya que, seguramente, tendría una de esas tantas crisis peliagudas por la mañana.
- Hola! Mi nombre es Qualisdonque. Vengo del diario de ayer. Estoy en la nota sobre el aumento del dólar. ¿No me vistes?
Supongo que por la cara que puse a continuación aquel fenómeno palabrístico tendría que haber saltado de lacama y correr a tirarse por las escaleras. Pues, explicaré. Dadas las condiciones que me ofrecía mi pelo a esas horas de la mañana y con un setenta y cinco por ciento de humedad, sumado a mi cara de insomnio, mis ojeras matutinas y las lagañas de mi cara, era muy obvio que la pobr letrita hubiera querido suicidarse al momento mismo de verme. Pero no lo hizo. Solo me miró impaciente, esperando mi respuesta.
- No..leo..el diario. De dónde salistes? Quiero decir, ¿De dónde salieron?
De pronto el remolino se deshizo y tan solo segundos después una tremenda sopa de letras quedó armada sobre el suelo de la alfombra.
- Ellos son mis amigos. Te los presento aunque se supone que debes de conocerlos de hace mucho tiempo, pero tengo ganas de cantarte la canción.
-¿Qué canción?- inquirí algo aburrida.
-A,B,C,D,E,F,G,H,I,J,K,L,M,N,O,P,Q,R,S,T,U,V,W,X,Y,Z, EL ABECEDARIO SE Y LO CANTO OTRA VEZ. A,B,C..
- ¡No gracias! ya..ya lo se.
- Oh..genial! me hubiera ahorrado la presentación. Son tan tediosas a veces.
Lo miré con desaprobación y mi expresión se tornó algo enojada.
- Bueno, ¿Qué se supone que hace un abecedario completo aquí, en mi habitación?
- Verás, el diario puede ser muy aburrido a veces. Ustedes los adolescentes lo sabrás muy bien. Policiales que ocupan la mayor parte del periódico, la sección de humor que cada vez es más pequeña, los creídos aquellos de la sección de espectáculos, los naríz parada de la sección economía y los malditos protestantes en la sección de opinión. Nosotros estamos en el medio, servimos para todo. Venimos a ser algo así como suplentes y nos adaptamos a cualquier lugar y situación.
- Entonces ustedes..¿trabajan en el periódico?
- Claro nena! no lo sabias acaso? En fin, no tiene importancia. Estábamos de paro hoy asique quisimos recorrer un poco el mundo y vinimos a parar acá.
- ¿Y porqué un remolino?
- Es más fácil para trasportarse. Mirá, nosotros, como te dije, no solo nos adaptamos a cualquier tipo de nota sino también a cualquier tipo de forma. Podemos ser trenes, barcos, autos, bicicletas o inlcuso aviones. Pero nuestra favorita es el remolino porque es el más veloz.
- Aaah. Y ¿porqué están en mi habitación? Quiero decir, ¿porqué eligieronla mía en lugar de otra?
- Bueno, nosotros no elegimos, simplemente hacemos como en el bingo, el que cae, cae.
De pronto todos se hecharon a reir. La O con su enorme y retumbante risa. La I, siempre tan pequeña, silenciosa y modesta, con su pequeña risita. La R escupiéndo a todos por doquier.
- Shhhhhhhh.-callé a todos.
- Ya nos shushamos.- susurró la Q.
- Están haciendo demasiado ruido, todos en mi casa están durmiendo.
- Lo sentimos mucho, no podemos evitar reírnos cada vez que hago un chiste de esa clase jjj. Prometemos no volver a hacerlo.
Se apartó hacia la letra T y le preguntó que hora era. De pronto me acordé que era miércooles y que pronto sonaría el despertador, todos se levantarían y verían este desorden. Miré la hora del teléfono. Las seis menos veinte, todavía faltaba bastante.
- Bueno, ya casi es hora de irnos, pero antes queremos ver algo.
- Lo que quieran.
- ¿Podríamos ver tu estante de libros? Sólo para saber cuáles son tus lecturas preferidas y para la próxima traerte un regalo de la editorial jiji. -rió entre dientes.
Salté de la cama y me dirigí hacia el estante. Pude ver de reojo como aquel graicosos grupo de letritas me seguía y saltaba hasta el escritorio. La letra Q se subió a mi brazo y se parósobre mi hombro. Era graciosos, hacía cosquillas. Lo miré de reojo, tenía cara de concentrado y observaba detenidamente cada uno de los libros. Repasaba en voz baja los nombre de los autores por apellido y alfabéticamente.
- Bronte, Dickens, C.S. Lewis, London, Rostand, Shakespeare, Stevenson, Verne. Bueno, veo que te gusta la literatura clásica.
- Si, así es.
- Perfeto muchachos, vamos levantando campamento. Y para la próxima ya sabemos que le tenemos que traer.
- No tienen porqué traerme algo.
- No importa, somos caprichosos. ¿No muchachos?
Antes de que pudiera decir algo el abecedario completo formaba una fila delante de su ventana. Ésta se abrió y las letras, formando un remolino, salieron volando y girando.
En ese preciso momento el despertador sonó y la nena Michelita salió corriendo a la pieza vecina, donde el resto de su familia dormitaba. Estaba ya con la mano en el picaporte cuando pensó seriamente en lo sucedido. Iban a tratarla como loca si contaba eso al resto de la humanidad. Iba bajando las escaleras para ir al baño cuando se tropezó e iba directo al suelo pero...riiiiiiiiiiiiiiiiiiiiingg
- Otra vez el despertador! -No, no era otra vez. Se levantó sin poder creerlo. Corrió a la ventana, la abrió con todo el apuro del mundo y..si, era de día aunque aún quedaba una sola estrella. Allá, en la parte más oscura que quedaba en el cielo, justo al lado de aquella estrella, pasaba un remolino de viento. Un remolino negro, oscuro, un remolino de..letras!

21 de septiembre de 2009

Primavera...



Se levantó con esa extraña sensación de como quien no quiere la cosa. Acostumbrada al clima tan frío se quitó el pijama al lado del calefactor y se puso toda la ropa que encontró a su alcance: medias largas, pantalón de jean, camiseta, camisa, suéter y camperita de algodón. Todavía no había abierto la persiana pero sin querer se dio cuenta de que había más luz de lo habitual. No le dio demasiada importancia y se dirigió al escritorio para buscar su mochila. Tomó algunas monedas del lapicero, los libros de la biblioteca y se puso algo de perfume. Preparó todo para bajar, pero estaba olvidando algo...claro! el gorro, la bufanda y los guantes que estaban en el cajón del placard. Luego de buscarlos y colgárselos del hombro, salió al pasillo, cerró la puerta de su habitación y bajó las escaleras como todas las mañanas. En la cocina su madre preparaba el desayuno mientras su padre leía el diario y su hermano, siempre sin hacer nada, miraba todo desde la silla donde estaba sentado.
- Buenos días.- dijo ella y se dirigió a la sala para dejar la mochila arriba del sillón. Nadie parecía notar nada, pero había más luz de lo normal, además, las persianas estaban abiertas de par en par. Pero todos parecían muy ocupados en sus asuntos cotidianos como preparar el desayuno, leer el diario, ver la televisión, etc.
Finalmente la hora de irse llegó. Todos tomaron sus bolsos, mochilas y demás; y salieron dirigiéndose cada uno a su auto. Los niños, en la vereda, esperando el autobús. Todo parecía extraño, pero nadie sabía con certeza qué era lo que estaba sucediendo, ni porqué. El autobús llegó, los padres partieron cada uno a su trabajo, cada uno en su auto. Al parecer, sus compañeros pensaban lo mismo, pero no le daban demasiada importancia. En la escuela, todos estaban demasiado ocupados con los intercolegiales, la revista escolar, los exámenes de fin de trimestre, etc. Ligeramente habían notado un cambio, pero todos continuaban usando sus ropas invernales cual cebollas de verdulería. Los deportistas seguían usando pantalones largos, los profesores no dejaban de lado jamás sus camisas y corbatas bien ajustadas, los estudiantes con camperas, bufandas o pañuelos al cuello y botas a los pies. Todo seguía igual que el viernes. Las horas pasaban, ahora más despacio y la luz era cada vez más cálida. El mediodía tardó bastante en llegar y las horas del almuerzo parecían alargarse conforme las agujas del reloj caminaban por ese círculo de plástico colgado en la pared del buffet. La tarde de deporte y materias extracurriculares se hacía cada vez más cálida y parecía no terminar más.
Finalmente el colegio terminó y todos salieron contentos hacia sus casas. Tania, de quien hablábamos al principio de la historia, decidió volverse caminando a su casa. Observaba todo con rareza. La gente que caminaba a su alrededor también observaba todo como si fueran de otro planeta. Por momentos parecía notar que los árboles estaban más verdes y había algo de color y perfume en el aire. Pero no era lo suficiente como para que se dieran cuenta de lo que realmente estaba sucediendo. El resto de la tarde pasó lenta y entre libros, apuntes, carpetas y lápices. La gente llamaba a la radio preguntándose lo mismo: ¿Qué estaba pasando con la naturaleza? ¿Acaso se había vuelto loca? Pero nadie sabía responder, ni siquiera en la televisión, los programas de espectáculos y demás, sabían responder lo que la gente tan preocupada venía indagando.
La noche llegó, lentamente pero llegó. Tania salió al jardín a buscar el tendedero de ropa. Notó que estaba totalmente seca y calentita, lo que significaba que debía haber estado al sol durante todo el día. Antes de cerrar la puerta del quincho con llave, miró al cielo y quedó totalmente petrificada al ver el pedazo de cartulina negro lleno de puntos de brillantina plateada. El cielo estaba completamente lleno de estrellas! Era imposible que no hubiera ni una sola nube que indicara lluvia o frío. Sin embargo, pese a todos los indicios que había presenciado durante el día, no logró determinar porqué estaba ocurriendo esa serie de sucesos tan extraños. Los árboles, las flores, el perfume, los insectos, la luz, el cielo, el tiempo, todo lo indicaba, pero nadie parecía haberse dado cuenta de que al fin había llegado la primavera.

9 de septiembre de 2009

Hoy quiero...

Hoy quiero quedarme en casa toda la tarde, dormir la siesta y ver iCarly con Nico. Quiero ir a comprarme una remera blanca y un anillo. Quiero un mp3 nuevo y que tenga buenos auriculares. Quiero que Angeles venga a casa para el día de la primavera y que miremos una película juntas. Quiero que comamos galletitas con jugo y quiero que estemos horas y horas hablando de las medio millón de salidas programadas que ya tenemos, de los chicos (? y de "Cuánta gente debe haber hoy en Ranelagh!".
Quiero poder acostarme tarde y levantarme primera que todos, hacerme el desayuno yo misma y ponerme los zapatos en la pieza. Quiero irme a la escuela en remis (como siempre) y volverme caminando. Quiero llegar al mediodía y preparar el almuerzo, o que mamá me diga: "Vamos a comer a Vercelli". Quiero pasar las tardes haciendo deberes (sólo un poquito, lo justo y necesario), escuchando música y leyendo, escribiendo o navegando en la web. Quiero pasar la navidad en mi casa, quiero pasar el 25 en la casa de mis abuelos con todos mis tíos, etc. Quiero que me regalen cosas que me gusten (jeje). Quiero irme de vacaciones a la playa, levantarme a las diez y salir a comprar. Quiero caminar horas por la playa y juntar muchos caracoles (de los grandes obvio). Quiero volver al tobogán de agua y quiero comprarme mucha ropa y miiiiles de recuerdos, regalos, y todas esas boludeces que se compran en la playa. Quiero pasar unos días con Angie en la playa y quiero que nos vayamos juntas en el micro (jaja). Quiero ir un solo día al cyber en la costa y conectarme par ver cuántos bobos están en sus casas (jaja). Quiero irme a lo hondo, hasta donde no haga pié, para volver gritando como una loca. Quiero poder peinarme en la playa (aunque sea una sola vez en mi vida) y que me quede bien el pelo; que no se me enrede y poder caminar por la peatonal a la vuelta sin que todos te estén mirando la maraña que tenés ahí arriba. Quiero salir a caminar al centro de noche y pasearme por todas las ferias, galerías y negocios habidos y por haber. Quiero ir a la playa de noche y ver como la marea sube cada vez más. Quiero volverme a los quince días (o más) y decir "Qué olor a encierro tiene esta casa". Quiero que todo me parezca raro en Berazategui cuando vuelva y quiero que me llamen para prguntare cómo me fue. Quiero que la gente llame más por teléfono en vez de hablar por msn. Quiero que mi caja de libros y cosas de la escuela esté ordenada por una vez en la vida. Quiero ir a visitar a mis amigas en el verano para irnos todas juntas a la pileta o al cine (?. Quiero que no haya un colgado que te pregunte porqué no te conectaste por dos semanas. Quiero muchas cosas, pero no puedo tener todo, por eso la mayoría de las cosas que pedí...son medianamente posibles :)

7 de septiembre de 2009


Abrí la puerta y salí a ese mundo de espacio sideral. Bajé por las escaleras y abrí la reja. Salté por la calle mientras veía pasar a los autos por la vereda. En el camino me compré un helado de melocotón y menos cinco caramelos de algodón. Llegué al trabajo donde todo era color y música. Me metí en la oficina y encendí la computadora. Apagué la luz y revisé los mails mientras tomaba un café. Trabajé toda la mañana y al mediodía me fui a cenar a una heladería cercana. Pedí una medialuna con queso y un jugo de te con leche. Llegué a casa bastante tarde, eran las dos y media de la tarde y todavía tenía que terminar un trabajo para la oficina. Esta vez subí por el ascensor -como era mi costumbre cuando llegaba a casa- y abrí la puerta. Dejé las cosas sobre el sillón y encendí la radio. Me dirigí hacia la cocina mientras veía el noticioso. Preparé un desayuno rápido de pan integral con manteca y un vaso de leche descremada con cacao. Me senté en la mesa del comedor con todos mis papeles y trabajos. Estuve hasta las cinco de la tarde haciendo la tarea. Me preparé el almuerzo cuando terminé y me lo llevé a la cama para mirar la televisión mientras tanto. Puse un canal de música instrumental -el trescientos cincuenta y uno- y me dormí.
Soñé algo muy raro. Me levantaba a las siete de la mañana y desayunaba en la mesa del comedor, por cierto desayunaba pan lactal con manteca y un vaso de leche. Después salía a trabajar en subte y llegaba a las ocho de la mañana. Trabajaba en mi computadora y salía a las cuatro de la tarde, hora a la que pasaba por una cafetería a merendar té con leche y medialunas con queso. Llegaba a casa a las cinco y media de la tarde y hacía mis trabajos mientras miraba la televisión. A las ocho y media cenaba en la cocina mientras escuchaba la radio y me iba a dormir a las diez, después de ver la tele claro.
Me desperté sobresaltado. "¡Que sueño más raro!" me dije a mi mismo. Sin darle mucha importancia a esa locura me levanté y me vestí. Encendí la radio y me metí en la cocina mientras miraba el noticioso. Preparé la merienda y la puse adentro de una bolsa de papel madera. Tomé mi portafolios y salí de mi casa. Bajé por las escaleras y abrí la reja para salir a ese mundo lleno de espacios siderales y estrellas espaciales.